Entre la gran cantidad de fobias y miedos que tienes para elegir seguramente te sientas abrumados. Miedo a las alturas, a las arañas o a la oscuridad son clásicos, pero también hay algunos bastante extraños como el temor a los pobres (aporofobia), el temor a vomitar (emetofobia), el temor al número 666 (hexakosioihexekontahexafobia) y el temor al número 4 (tetrafobia), entre otros miedos.
Da igual el miedo que experimentas, tu cerebro responde de la misma manera ante su aparición. Estos miedos se manifiestan de la misma forma en tu cerebro, y eso ha sido ilustrado por el Dr. Yadin Dudai del Instituto Weizmann de Ciencia en Rehovot.
Para ello Dudai y su equipo pusieron a varios voluntarios que sufrían de ofidiofobia (miedo a las serpientes) frente a estos animales mientras observaban su actividad cerebral mediante resonancia magnética.
Las primeras reacciones ante el miedo se producían en la corteza cingulada anterior del cerebro de los pacientes, y la actividad en esa región aumentaba si se inducía mayor temor acercando la serpiente a los voluntarios.
Los resultados se han publicado en la revista de neurología Neuron, y además de resultar ilustrativos en términos de neurociencia abren la puerta a la posible creación de pastillas que inhiban el miedo para personas que sufren de claustrofobia, fobias sociales u otros miedos que afecten su calidad de vida.
Sabemos que nos van a engañar, sabemos que vamos a caer en sus manos, incluso podemos conocer el truco.. pero los buenos magos siempre nos fascinan. El arte para mostrarnos una realidad imposible nos seduce y, en los últimos años, ha ayudado a los científicos a conocer más sobre las limitaciones del cerebro humano, sobre los mecanismos neuronales de la atención y sobre lo fácil que es distraernos. Susana Martínez-Conde, neurocientífica y directora del Laboratorio de Neurociencia Visual del Instituto Neurológico Barrows, en Phoenix (Arizona), nos cuenta hoy sus investigaciones con magos e ilusionistas que le han llevado a descubrir sus secretos para manipular la conciencia.
Usar el cerebro ayuda a mejorarlo algo así como los músculos, que cuanto más se ejercitan, más fuertes se hacen.
Por dicho motivo se recomenda a las personas mayores mantener su mente lo más activa posible para luchar contra el deterioro cognitivo y la pérdida de memoria que se producen cuando envejecemos. Nunca leí ningún artículo científico que lo demostrara, pero siempre lo consideré bastante plausible.
La explicación a todo esto la podrían tener en el laboratorio de Christine Gall en la University of California en Irvine.
Usando una nueva técnica de visualización con ratones se han dado cuenta de que cuando aprendemos, se activan en el cerebro unos receptores que habitualmente consiguen que las neuronas mantengan unos niveles óptimos de funcionamiento. Estos receptores, activados por una proteína conocida como BDNF, son esenciales para la formación de las conexiones entre las neuronas, siendo claves en la formación de los recuerdos.
Desde hace unos años, la ciencia se ha adentrado en cuestiones como la felicidad, la motivación, la creatividad, las relaciones personales o la toma de decisiones. Y uno de los expertos en difundir las últimas averiguaciones sobre lo que realmente nos importa es Richard Wiseman, psicólogo de la Universidad de Hertfordshire que compartió con Eduardo Punset sus conocimientos y su magia.
El elemento clave en la memoria humana es la neurona. Los seres humanos contamos con más o menos mil millones de neuronas en nuestro cerebro. Cada neurona presente en él forma unas 1.000 conexiones con otras neuronas, alcanzando a gran escala unos tres mil millones de conexiones neuronales en total. ¿Por qué importa esto? Pues si cada neurona pudiera almacenar un recuerdo, esto implicaría que tendríamos no más de tres mil millones de recuerdos. Por más que 3.000.000.000 sea un número grande, no es tanto hablando de recuerdos.
La buena noticia es que en realidad las neuronas del cerebro humano se combinan entre sí, haciendo posible que una neurona cuente con más de un recuerdo que recordar, expandiendo la capacidad del recuerdo a algo así como 2.5 petabytes (un millón de gigabytes), o algo así como tres millones de horas de programas de TV.
Sin embargo, la capacidad exacta del cerebro para recordar cosas no está bien definida por tres razones razones. La primera es que no conocemos cómo medir el tamaño de una memoria. En segundo lugar algunas memorias contienen más detalles que otras, y por ello demandan más espacio. Finalmente, alguna información es complementaria y no está claro qué lugar ocupa en la jerarquía de recuerdos.
Lo que es seguro nuestro cerebro nunca se llena. Nuestro lapso de vida no alcanza para colmar nuestra capacidad de memoria, y por ello alguien con buena memoria puede darse el lujo de seguir recordando detalles mínimos a sus noventa años. Otros, desgraciados como yo, padecemos en juventud una especie de Alzheimer inherente a nuestra memoria que nos impide recordar ni siquiera la fecha de hoy.
¿Cómo se descubrieron fármacos como el Prozac o las anfetaminas? ¿Por qué es tan difícil encontrar el medicamento ideal para cada enfermedad? Eduardo Punset conversa hoy con Samuel Barondes, psiquiatra de la Universidad de California y divulgador de los efectos de los psicofármacos.
Documental de Redes en el que el tema principala es la Esquizofrenia
Cuanto más se aprende sobre las enfermedades mentales más interrogantes aparecen sobre sus causas y más difícil resulta definirlas.
Esta es una de las conclusiones más relevantes de la conversación que mantuvieron Eduardo Punset y la neuropsiquiatra de la Universidad de Londres María Ron, que indaga las bases cognitivas y estructurales de la esquizofrenia.
Documental de Redes en el que se trata como unos cientificos están comenzando a demostrar que la intuición puede ser más efectiva que los modelos de elección racional. Ante cualquier decisión, se consideraba que lo más acertado era elaborar listas con los pros y los contras para tomar la mejor elección. Ahora, sabemos que las decisiones instintivas son eficaces. A veces mucho más que una elección racional.
Marc Hauser, psicobiólogo de la Universidad de Harvard, le explica a Eduard Punset que las fuentes de nuestros juicios morales no proceden de la iglesia u otras instituciones. Emociones como la venganza, la compasión o el amor son conductas que han ayudado al ser humano a sobrevivir en comunidad desde hace muchos miles de años. Incluso la moral es una herramienta heredada biológicamente para consolidar una sociedad.
Video documental en el que Punset descubre, junto a Álvaro Pascual-Leone, neurólogo del Harvard Medical School, el funcionamiento de la “estimulación magnética transcraneal”, un método para modificar la actividad de las vías neurales sin la administración de fármacos ni la utilización de cirugía.
Si se pudiera alterar determinados circuitos neuronales surgirian preguntas como ¿se podrá también llegar a modificar el comportamiento o mejorar nuestras habilidades mentales? ¿Es posible manipular el cerebro para modificar nuestra forma de ser o acabar de una vez por todas con las enfermedades mentales? Todas estas cuestiones se intentaran resolver en el documental de Redes.